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La paz ahora o nunca
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La victoria pírrica del No

10/27/2016 4:22:41 AM
Una victoria con sabor de derrota



Por: Fernando Álvarez octubre 26, 2016 Mucho se ha dicho sobre el triunfo del No para deslegitimarlo. Se aprovechan unas ingenuas declaraciones ...

Mucho se ha dicho sobre el triunfo del No para deslegitimarlo. Se aprovechan unas ingenuas declaraciones tiunfalistas del gerente de la campaña del No para descubrir el agua tibia, que los del No utilizaron la indignación y exacerbaron la rabia para inducir el voto a su favor. Tamaña alharaca la que armaron los lambones del Sí por la supuesta trampa electoral de sus contrincantes que consistía en exageraciones e interpretaciones falsas sobre lo que impulsaba el bando contrario. Hasta se escucharon voces que pedían penalizar el engaño a los electores, como si en las democracias no existiera esa licencia para descalificar al adversario. O como si no fuera publicidad engañosa la del propio presidente Juan Manuel Santos cuando sentenció que si no ganaba el Sí se prendería la guerra urbana de las FARC. Para no mencionar la reducción del umbral, la propaganda oficial y otros recursos descaradamente recargados en favor del Sí.


Había que ver a los más fieros enemigos de las prácticas antidemocráticas impulsores del Sí desconociendo y negando el triunfo de los del NO.


Valientes demócratas que no saben aceptar el resultado de un plebiscito. Después del 2 de octubre cuando perdió el Sí, con todo a su favor, aparato del estado, mermelada y medios, surgió la más feroz esencia antidemocrática de los perdedores. Ora recurriendo lastimeramente a la peregrina idea de que había ganado el miedo y se había impuesto la perversidad religiosa, o la de que los uribistas habrían recurrido a la mentira y a la trampa para inclinar el fiel de la balanza. Pocos de los agitadores del Sí entendieron el mensaje que iba más allá de las cifras superiores del No. Eran las elocuentes cifras de los abstencionistas de las que sólo se ocuparon las redes burlonamente. La sensatez obligaba a comprender esa realidad de un 60 por ciento de colombianos que no le creyeron ni al Sí ni al No. Y no por importaculistas sino por mamados de la mentira oficial, de la trampa electoral y de la demagogia de derechas e izquierdas.


Muy pocas voces han brillado por la sensatez. El escritor y periodista William Ospina, el periodista Juan Gossain o el columnista Pedro Medellín hacen parte de esa escasa lista de desapasionados forjadores de opinión que aportan a una coyuntura que exige grandeza y que se apartan de esa horda de columnistas matriculados a los que el 60 por ciento de colombianos no les cree. Una coyuntura que debería revestirse de nobleza, porque obliga a repensar y a retomar caminos, pero sobretodo a reconocer que ni siquiera la polarización logró. sensibilizar a las amplias mayorías. Esa particular búsqueda de la paz que hace que dirigentes mundiales sensatos como el uruguayo Pepe Mujica nos diga país esquizofrénico y que retrata muy bien con su humor el periodista Daniel Samper Ospina, que después del plebiscito deja una radiografía del país en el mundo al revés donde los uribistas y las FARC eran los serenos y los supuestos demócratas los furiosamente enardecidos.


Por eso tiene razón Gossain cuando le dice a Pablo Laserna en su Última Palabra que no hay otro camino que buscar el consenso. Que no puede haber paz sostenible y duradera si no surge de revisar los Acuerdos con las FARC a partir de escuchar, analizar y estudiar la viabilidad de algunos puntos de vista de los contradictores del NO. Y toda la razón tiene William Ospina cuando llama la atención para se sienten a renegociar no sólo con uribistas sino con los antisantistas que se expresaron en la abstención, o con los antifarc que no son uribistas. Y cuando pide que no sea un pacto más de las élites donde el convidado de piedra sea el pueblo. Y en ese sentido andan en total contravía de la historia aquellos que aún impulsan la confrontación, tanto los fachos del No Más Santos como los mamertos del No Más Uribe. Esas marchas conseguirán movilizar si acaso su 20 por ciento cada una mientras el 60 por ciento restante sigue de espectador. Porque para salir de la esquizofrenia que nos señala Pepe Mujica habría que superar ese ánimo de trinchera en donde se quiere la paz con unos a costa del conflicto con los otros.


Esa paz verbalizada mientras se agudiza un nuevo conflicto no es sostenible y ojalá así lo entendieran aquellos periodistas a los que les jala las orejas Juan Gossain, tanto los que ven al expresidente Álvaro Uribe como como engendro del mal como los otros que ven a Santos como la antesala del Castrochavismo. Esa paz responde más a la esquizofrenia que describe jocosamente Samper Ospina cuando dice que el estamento pide guerra y la guerrilla pide paz o que los uribistas piden calma y el gobierno celeridad. Esquizofrenia que se ha traslado al mundo y que ha logrado que mientras la academia noruega le otorga el premio a Santos, el Wall Street Journal diga que el merecedor del Nobel era Uribe. O que el Papa Francisco condicione su visita a Colombia al triunfo del Sí y luego la cambie por un encuentro cualquiera con Santos. Y que el New York Times coincida con María Jimena Dussan en que Uribe es un saboteador, en fin, esa paz que piden disparando frases guerreristas los fanáticos reflejados e cada 20 por ciento.


Pero como Dios sabe cómo hace sus cosas el No gano por poco y el Sí, al perder, ganó un poco, según la teoría maturanista. Pero ambos perdieron frente a ese 60 por ciento de abstencionismo que ya es casi un lugar en la historia de las elecciones en Colombia. Al que ya se ha acostumbrado tristemente lo que Jorge Eliecer Gaitán llamaba el país político porque siempre ha ignorado a lo que llamaba el país nacional. Pero si se quiere hablar de paz, si se quiere hacer la paz hay que atizar menos el fuego. Habría que ganarse a ese 60 por ciento de incrédulos para que las minorías esquizofrénicas sean incluidas pero no sean la voz cantante. Buena falta le hace a Colombia hoy por hoy nuevos líderes políticos que atiendan ese llamado de estos periodistas sensatos.


Y que Santos se baje de la nube del Nobel y escuche las observaciones de su contraparte sin dejar de lado que hay que interpretar fundamentalmente a ese 60 por ciento escéptico. Que Uribe se baje de la nube del triunfo y se ponga modo propositivo en busca de una negociación realista. Y que las FARC, que valga la verdad han estado a la altura de la paz después del plebiscito, se bajen de la nube de no comprometerse a entregar dineros mal habidos y de no reparar realmente a las víctimas. Y que se bajen del bus esos politiqueros que quieren parecer apóstoles de la paz y esos mamertos que se quieren reciclar con el populismo y la demagogia a nombre de la paz. Claro que cabemos todos pero anteponiendo a los egos, los triunfalismos y las marrullas, el sagrado derecho de todos y cada uno a vivir en paz en medio de las diferencias




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