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by elcriterio HermanLozano
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La gram mentira del no
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Denuncia penal a Uribe por tergiversar acuerdo de paz en campaña

10/9/2016 7:48:12 AM
Las mentiras y el engaño dan cárcel de 4 a 8 años






Resumen de noticias, El Espectador Por: Juan Gabriel Vásquez*, Telesur y otros Abogados colombianos denunciaron a Álvaro Uribe Vélez por los delitos de fraude al sufragante y concierto para delinquir. Dos acusaciones fueron presentadas este viernes en la Corte Suprema de Justicia de Colombia en contra del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez por su vinculación en la estrategia promovida por el Centro Democrático a favor del No en el plebiscito, por la presión y manipulación a los votantes.

En las acciones judiciales se citan las declaraciones del gerente promotor de la campaña, Juan Carlos Vélez, quien ofreció detalles sobre la estrategia que se utilizó para convencer a los votantes a escoger la opción del No.


 FARC-EP y Gobierno discutirán propuestas del No sobre el proceso de paz


Los abogados Jorge Eliécer Molano y Elmer Montaña afirmaron que durante más de un mes "se presentó una campaña sistemática de mentiras y de engaños tendientes a generar miedo, zozobra e incertidumbre en los colombianos”.


Por ello solicitaron a la suprema corte que investigue los delitos de fraude al sufragante y concierto para delinquir a los miembros del Centro Democrático así como a los otros congresistas que apoyaron y promovieron esta estrategia dirigida a presionar a los votantes. 


La estrategia del No


En una entrevista concedida al medio colombiano “La República” el jefe de la  campaña por el No del partido de derecha Centro Democrático, Juan Carlos Vélez, dijo que la estrategia para promover el voto negativo a los acuerdos entre el Gobierno y las FARC-EP se basó en "tergiversar mensajes" y "dejar de explicar los acuerdos".


Promotores del No a la paz en Colombia apelaron a mentiras y tergiversaciones


Vélez detalló que en emisoras de estratos medios y altos "nos basamos en la No a la impunidad, la elegibilidad y la reforma tributaria, mientras en las emisoras de estratos bajos nos enfocamos en subsidios”.


También como parte de la estrategia por el No, el exsenador explicó que en la región de la Costa se individualizó el mensaje de que Colombia se convertiría en Venezuela. “Y aquí el 'No' ganó sin pagar un peso”, agregó.


Escándalo por declaraciones de estrategia para promover el No

Juan Carlos Vélez, promotor de la campaña por el No en el plebiscito, reveló que dejaron de explicar los acuerdos para ganar. El expresidente Uribe lo negó todo.


RESUMEN DE AGENCIAS


Como un hecho muy grave que tiene ofendidos a los integrantes del Centro Democrático, calificó el expresidente Álvaro Uribe, líder de esa colectividad, las polémicas declaraciones de Juan Carlos Vélez sobre la estrategia del No para ganar el plebiscito.


En entrevista publicada ayer en el diario La República, Vélez dijo que la estrategia del Centro Democrático, CD, se centró en la indignación, “buscando que la gente saliera a votar berraca”.


Reveló, además, que la estrategia se basó en “dejar de explicar los acuerdos para centrar el mensaje en la indignación”, siguiendo recomendaciones de asesores de Brasil y Panamá.


Al respecto, el senador Uribe Vélez, dijo en diálogo con Blu Radio que la parecían unas declaraciones muy graves, aunque Juan Carlos Vélez le dijo que había sido tergiversado en la entrevista.


“A mí me dijo que lo tergiversaron, yo le dije que eso no es suficiente y tiene que darle la cara al país entero. Yo le digo a él que diga la verdad”, indicó Uribe.


Uribe añadió que desconoce de dónde sacó Vélez las supuestas recomendaciones de asesores externos para la campaña del No.


Enfatizó que esta se basó en argumentos del acuerdo de paz con las Farc, deslegitimando las declaraciones dadas ayer por el gerente de la campaña.


“Conmigo han trabajado muchas personas. Yo quisiera que algunas de las personas que han trabajado conmigo digan si yo les he pedido que mientan, que digamos una cosa o la otra. Fue una campaña que se hizo con austeridad, con tanto esfuerzo”, aseguró.


También agregó que “los compañeros del Centro Democrático van a tener mucho cuidado, no para negar la verdad, sino para decir la verdad y ser prudentes. Muchas veces se les sale esa voracidad para dar declaraciones y maltratan la verdad”.


Uribe aclaró que Vélez tenía una tarea administrativa, de recoger los recursos, “me duele mucho decirlo, ha hecho un daño muy grande. En la Alcaldía de Medellín (cuando Vélez era candidato) tuve que llamarle la atención por ser imprudente, por no decirle de otra forma”.


Además de las declaraciones de Uribe, el Centro Democrático publicó un comunicado en el que desautorizan las declaraciones de Juan Carlos Vélez, indicando que la campaña no apeló a la mentira ni a la tergiversación.


ORGANIZACIONES SE PRONUNCIAN


De acuerdo con las declaraciones de Juan Carlos Vélez a La República, en total el No logró recaudar $1.300 millones de 30 personas naturales y 30 empresas, entre las que se destaca la Organización Ardila Lülle, Grupo Bolívar, Grupo Uribe, Colombiana de Comercio (dueños de Alkosto) y Codiscos.

Ante dicha revelación, las principales organizaciones publicaron ayer comunicados para desmentir dicho apoyo al No, así lo hizo la Organización Ardila Lülle, mientras que el Grupo Bolívar dijo que “realizó donaciones equitativas” para el Sí y para el No.



Juan Carlos Vélez: ¿su error fue decir la verdad?


La entrevista del gerente administrativo de la campaña del No fue un tiro en el pie, que le significó un regaño de Uribe y de paso su salida del Centro Democrático.


Juan Carlos Vélez estaba tan orgulloso de la entrevista que le había dado al diario La República, que la compartió en su propio Twitter antes de desatar el escándalo. El diálogo entre él y el director del periódico, Fernando Quijano, duró 1 hora y 40 minutos. Los apartes que aparecieron publicados representan no más de diez minutos. Eso, sin embargo, bastó para dinamitar su carrera política y obligarlo a renunciar al Centro Democrático.


Vélez pretendía mostrar un ejemplo creativo y exitoso de marketing político. Contó cómo se definían claramente los targets según estratos y regiones, y el mensaje específico que debía llegar a cada uno de ellos. También reveló que el eje estratégico era no enfocarse en el contenido de los acuerdos, sino en crear indignación para que “la gente saliera a votar berraca”. Según él, esa había sido una recomendación de asesores panameños y brasileños.


En teoría, todas las campañas políticas buscan apelar a las emociones, y la del Centro Democrático se centró en dramatizar el cuento del ‘castro-chavismo’ con temas como la entrega del país a las Farc, la presidencia de Timochenko y el fantasma de Venezuela. Pero el problema fue que Vélez incluyó en su explicación afirmaciones abiertamente falsas. Por ejemplo, la eliminación de subsidios a los pobres para mantener a los guerrilleros.


También suministró los nombres de las cinco empresas que habrían financiado principalmente la campaña del No, que serían la Organización Ardila Lülle, Grupo Bolívar, Grupo Uribe, Corbeta y Codiscos. Asimismo dijo que la campaña, la “más barata y efectiva de la historia”, había costado 1.300 millones de pesos.


Todo lo anterior al día siguiente explotó en los medios y se volvió viral. El más indignado de todos pudo haber sido el expresidente Álvaro Uribe, quien en términos poco diplomáticos desautorizó de un tajo a quien había sido el gerente administrativo de su campaña. Voces del Sí comenzaron a invocar el concepto de fraude en las elecciones, y el propio Juan Carlos Vélez no solo pidió perdón, sino que renunció al partido.


Algo que llama la atención del escándalo es que se buscó estigmatizar de alguna forma a las empresas y personas que hicieron aportes económicos a la campaña del No. Algunos de ellos lo negaron y otros manifestaron que habían contribuido por igual a los dos bandos. Sin embargo, no deja de ser insólito que en una democracia se pretenda endilgar algún tipo de sanción social a unas compañías que tienen todo el derecho de tomar partido en la causa que mejor les parezca. No es necesario hacerle un aporte equivalente a la contraparte. En el plebiscito era exactamente igual de legítimo financiar el Sí como el No. Es muy reprochable que se haya creado una controversia alrededor de este punto.


Pero no hay duda de que Juan Carlos Vélez tuvo una metida de pata monumental. En cierta forma, su caso se parece al de Yidis Medina. Los dos hicieron cosas que se ven en política todos los días, pero que solo se convierten en delito cuando se confiesan. Por cuenta de la entrevista, el fiscal Néstor Humberto Martínez anunció que iba a empezar una investigación para ver si el exsenador uribista había incurrido en maniobras engañosas que constituyen fraude al sufragante.


Sin embargo, como las campañas políticas por naturaleza recurren con frecuencia a la desinformación y a la guerra sucia, es poco probable que este episodio tenga consecuencias de tipo penal. Como dijo el fundador de la Alemania moderna, Otto von Bismarck, “nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería”. 


Lo que sucedió en estos días con el señor Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña uribista por el No, fue al mismo tiempo una revelación imprevista y una constatación de lo ya sabido. Con la sinceridad despreocupada de quienes se sienten más allá de la ley, el señor Vélez confesó en una entrevista que su campaña, cuyo resultado fue el sabotaje del único proceso de paz exitoso de la historia de Colombia, se basó en la tergiversación de verdades, la manipulación grosera de los votantes, el rechazo cuidadoso de toda forma de análisis y la demagogia más barata. Digo que aquello fue una revelación imprevista porque el sentido ético del señor Vélez sólo es tan defectuoso como su sentido de la oportunidad: en este triste país peleado consigo mismo, donde la división entre nosotros roza la violencia todos los días y donde la vida de la gente da un vuelco cada hora por cuenta de lo ocurrido el 2 de octubre, al señor Vélez no le ha parecido mal decirles a millones de votantes que sus miedos y sus ansiedades fueron deliberadamente explotados. Digo que aquello fue una constatación de lo ya sabido porque la confesión del señor Vélez es apenas la última de las incontables instancias en que los colombianos podemos comprobar las tradicionales prácticas del uribismo, y en particular su irrefrenable tendencia a la mentira.


Hace unas semanas, poco antes del plebiscito, publiqué en un periódico español un artículo con el título todavía esperanzado de “La paz sin mentiras”. En él recordaba que el expresidente Uribe, líder del No y referencia moral para tantos votantes, lanzó hace dos años una serie de acusaciones contra el proceso de paz cuya premisa ya era una mentira: eran 52 “capitulaciones” con las cuales Uribe les aseguraba a sus fieles que el Gobierno le estaba “entregando el país” a la guerrilla. La Silla Vacía publicó un informe en que analizaba las acusaciones de Uribe y llegaba a esta conclusión: de las 52, sólo cuatro eran verdad de manera inapelable. Las demás eran mentiras, tergiversaciones o medias verdades. Esto fue, si mal no recuerdo, meses antes de que el candidato uribista a la Presidencia apareciera en video con un hacker contratado, también según su confesión, para sabotear las negociaciones de La Habana. Más tarde mintió el programa de Fernando Londoño, que aseguró que Vargas Llosa había condenado el proceso de paz; y mucho más tarde mentiría hasta cansarse el exprocurador Ordóñez, cuyas alegaciones inverosímiles sobre la ideología de género y los riesgos de la homosexualidad llegaron a niveles nunca antes vistos de ridiculez, y hubieran sido risibles en un país menos fanático y más instruido que el nuestro.


El resto de la historia de estos meses es un nuevo inventario de mentiras. Desde el uribismo se dijo que los acuerdos de La Habana abolirían la propiedad privada, que la aprobación de los acuerdos equivalía a elegir a Timochenko como presidente, que en La Habana se está negociando el encarcelamiento de Uribe. Algunas de las mentiras apelaban al miedo y al dolor; otras confiaban en que los votantes no tuvieran la astucia ni el tiempo de leer los acuerdos, lo cual hubiera bastado para dejarlas sin piso. La belleza de la confesión de Juan Carlos Vélez es que nos permitió entender, de primera mano, cómo funciona el uribismo: nadie espera ya de ellos el menor signo de responsabilidad, ni tampoco el menor intento de concordia, pero clasificar sus mentiras por clase social me parece especialmente humillante. Gracias a Vélez sabemos que la amenaza del castrochavismo, que tanta gente merecedora de más sensatez repitió sin problema, estaba dirigida a los estratos altos; para los bajos, el uribismo reservó otras mentiras —el supuesto sueldo de $1’600.000 que se les pagaría a las Farc, por ejemplo— que explotaban las ansiedades económicas de la gente y la fragilidad de su diaria supervivencia. Se me ocurren (a menos que haya un pleonasmo en lo que digo) pocas demagogias más innobles.


Lo más fascinante, tras la publicación de esta entrevista sin desperdicio, fue la primera reacción de Uribe: “Hacen daño los compañeros que no cuidan las comunicaciones”. No corrigió a su gerente ni desvirtuó sus confesiones involuntarias, sino que usó el tono penumbroso con que se habla al que ha revelado los secretos de la banda. Es evidente: lo que hubo aquí fue una conspiración en toda regla, y su objetivo era engañar a la gente. No pasará nada, por supuesto, porque los que engañaron a tantos hacen ahora parte —por virtud del engaño mismo— de la mesa de negociaciones, y cuentan con el poder que les han concedido la superstición y la credulidad de millones de colombianos. Pero algún día tendremos que hacer un examen de conciencia y definir si el hecho de que tantos uribistas estén en la cárcel o sean prófugos de la justicia es una persecución, como ellos machaconamente alegan, o el resultado natural de que el expresidente Uribe se haya rodeado con tanta frecuencia de gente cuyo sentido de la decencia es, por decirlo con suavidad, bajito de tono.

La victoria del No en las urnas le dio cara y voz a un descontento latente. Yo, por mi parte, he sabido siempre que esas multitudes sin cara que rechazaron los acuerdos albergan a miles de ciudadanos honestos, cuyos motivos para el No son genuinos y comprensibles. Pero la derrota de este esfuerzo titánico, este esfuerzo que nos ha exigido como país sacrificios sin cuento, sería más comprensible si la amplia mayoría de las víctimas de la guerra no hubieran apoyado los acuerdos; y sería más comprensible, sobre todo, si no tuviéramos la certeza incómoda de que tantos de los que los rechazaron lo hicieron movidos por la desinformación, la tergiversación y las mentiras.


La reacción de Uribe Vélez


Al revelarse las declaraciones de Juan Carlos Vélez, el líder del Centro Democrático negó las declaraciones y señaló que desconoce por qué el político se tomó "la atribución de interpretar cómo hicimos la campaña".


El senador Uribe aseguró que su colaborador dijo que lo habían tergiversado, pero reconoció que estas acusaciones son graves: "Me duele mucho, le pido a él que diga la verdad. Conmigo han trabajado muchas personas. Yo quisiera que alguna persona que haya trabajado conmigo pueda decir que yo le haya dicho que mienta". 



“La sociedad que votó por el No tiene una deuda con nuestros derechos”: víctimas de Bojayá



La comunidad de este municipio pidió que en sus territorios se implementen los acuerdos firmados en La Habana, como una muestra de respeto hacia el 96% de la población que aceptó lo pactado entre Gobierno y Farc.


La Masacre de Bojayá, ocurrida el 2 de mayo del año 2002, dejó 119 muertos y toda una comunidad desplazada a causa de la guerra. / Archivo.


En un breve comunicado, las víctimas de la Masacre de Bojayá, una de las más cruentas que se vivió durante el conflicto armado entre las Fuerzas del Estado, la guerrilla y los paramilitares, le pidieron al presidente Juan Manuel Santos, a las Farc y a toda la sociedad colombiana respetar el 96% de los votos por el SÍ que se registró en esa comunidad en el plebiscito del pasado domingo. “Urgimos a que se implemente el Acuerdo de Paz, tal como se negoció en La Habana”, señalaron las víctimas.


“Las víctimas de Bojayá hemos sufrido la inclemencia de la guerra y por eso votamos SI a La Paz. La voluntad de las víctimas debe ser respetada, la sociedad que votó por el NO tiene una deuda con los derechos de las víctimas y con el costo en vidas humanas que tiene su votación sobre las poblaciones que sí padecemos la guerra. No es justo que ellos puedan votar e influir en nuestras vidas o nuestras muertes y que nosotros no influyamos en las políticas que a ellos y ellas los afectan”, se lee en el comunicado.


Le hicieron un fuerte llamado al expresidente y senado Álvaro Uribe, así como al ex procurador Alejandro Ordóñez: “Les contamos que la violencia producida por los paramilitares, la fuerza pública y la guerrilla en Bojayá nos arrancó familiares y amigos, y destrozó nuestros proyectos de vida, pues puso en jaque el control sobre nuestros territorios.  Nosotros queremos La Paz. Queremos el Acuerdo y no aceptamos más política de guerra”.


 

 


Y añadieron una inusual invitación a los dos políticos, a quienes invitaron a vivir por una temporada en sus territorios, para que “sin escoltas que los protejan” comprendan lo que significa estar en medio del conflicto y de la pobreza que afecta a Bojayá y el Atrato Medio. Añadieron entonces que “en lugar de oponerse, los invitamos a cambiar su posición con altura y ante nuestros argumentos y sumarse al proceso de implementación del Acuerdo”.


La población, cuya iglesia fue destruida después de que las Farc lanzaran un cilindro bomba y dejara más de 100 víctimas mortales, dice que su sacrificio ya se hizo: el perdón. Y que ahora, para que “todos los colombianos vivamos en paz”, “todas y todos deberían aceptar el Acuerdo de paz, incluyendo a quienes nunca han padecido el conflicto directamente, pero aun así se atrevieron a votar en contra de La Paz en nuestros territorios”.


También se refirieron a las palabras del presidente Santos, quien en la noche del pasado miércoles señaló como fecha final para el cese al fuego el próximo 31 de octubre. “Desde Bojayá le decimos a Colombia que a nuestra población no la someteremos a que se reinicie la confrontación armada, y que es obligación del Estado protegernos”, dice el comunicado.


Además, las víctimas de Bojayá le pidieron una audiencia al presidente Juan Manuel Santos, para explicarle su postura y para llegar a un acuerdo que permita tener en cuenta el apoyo masivo que recibieron los acuerdos en esa comunidad tan golpeada por la guerra. Piden asimismo, que el congreso tome medidas que salvaguarden los puntos esenciales del acuerdo firmado por el Gobierno y la guerrilla de las Farc.



 




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