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by elcriterio HermanLozano
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El Voto del No es de una persona ignorante
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Por fin la Paz de Colombia

9/18/2016 7:18:46 AM
Voto del Si es para cultos



Con esta columna comienzo a despedirme de mis escritos sobre la Paz de Colombia. Vendrá alguna columna más, tal vez dos o tres, pero voy disponiendo mi corazón en paz a lo que va llegando a su epílogo y que habrá de culminar con los brindis de diciembre. Han sido doce años de dejar constancia sobre una paz que, si ha resultado esquiva, lo ha sido más por la política de los políticos que por la voluntad de la gente, más por los intereses de unos pocos que por el anhelo de las grandes mayorías.

Quienes se han tomado el trabajo de seguirme durante estos años sabrán disculpar que haya decidido poner punto final a estos escritos, concebidos para leer entre pecho y espalda, entre líneas, para que admitan la lectura transversal, meditada, sin fanatismos ni dogmatismos, sin elegidos ni réprobos. Sin bajar línea, sin cazar brujas. Abriendo la mente precisamente allí donde las mentes se cierran.


Me llevaré conmigo, sin alarde, el voto del plebiscito, nunca fui apologista ni pretendí arrear bestias al redil. Intenté sembrar criterios allí donde se predica con 'palabra santa' y cartas marcadas. Intenté hacerme preguntas allí donde pululan solamente las respuestas. Intenté abrir sendero en la trocha no para llegar más lejos sino para que quienes vinieran detrás encontraran el camino en mejores condiciones de las que yo lo hallé.


El final del conflicto armado con las FARC me encuentra como hace doce años, igual de desarmado, igual de demócrata. Con más heridas pero la esperanza intacta. Con los mismos sueños pero más despierto. No llegué a escribir con la paz ante mis ojos, pero siempre con la paz en el horizonte. No llegué a ver a las Farc y las Autodefensas y el Eln en la política legal y en los foros de la democracia real pero hacia allá vamos, con mis columnas o sin mis columnas, lo mismo da. Lo importante es haber sembrado aquello que bien sembrado está, no es tiempo aún de cosechas pero siguen siendo tiempos que anuncian la paz auténtica. Lejana todavía, pero menos que hace doce años.


Del proceso de La Habana solo me queda el mal sabor de los que no participaron y de los que queriendo haber participado no les fue permitido ni se los tuvo en cuenta sino para agraviarlos en ausencia y sin derecho. Allá aquellos que aun celebran la paz parcelada, y tozudos, se niegan a incluir a los que permanecen por fuera y por historia y ‘prontuario’ no pueden faltar. Ya despertarán de sus vanidades los sectarios y excluyentes cuando dejen de mirarse en los espejos de sus pretensiones hegemónicas. O cuando los espejos se vuelvan añicos hartos de reflejar los rostros que pudieron sonreírle a Colombia y solo pretendieron sonreír a sus propios egos, henchidos a más no poder, por el dudoso privilegio de poder más que los demás.


Si la desmovilización de las AUC apostó a legitimar el Estado, la desmovilización de las FARC apunta a legitimar la izquierda, la más extrema, pero izquierda al fin y demócrata tal vez. Está bien que se haya hecho el intento, y son buenos los resultados alcanzados o a punto de alcanzar. Pudieron haber sido mejores, incluso mucho mejores, los resultados en ambos casos, pero en ambos casos el avance fue notable y en la dirección correcta a pesar de la mezquindad y la hipocresía.


Mi voto en el plebiscito es SI y no será harina de este costal, ni de cualquier otro que vaya a escribir de aquí al 2 de octubre. Así como hay buenas razones para votar el Sí, hay también buenas razones para votar el No. También sobran buenas razones para abstenerse de votar. Lo único que ya no cabe, con las FARC y AUC desmovilizadas es invocar la lucha armada en un sentido o en el otro. Y esto vale para el ELN y para quienes ocuparon el lugar de las autodefensas desmovilizadas. Es la hora de exigirle no repetición a los desmovilizados, y propuestas de paz serias y creíbles a quienes permanecen con el fusil al hombro. El Estado ha de tener la última palabra pero su primer gesto tras el 2 de octubre ha de ser tender la mano a quien vive y mata, sobrevive y muere, al margen de la ley, en contra de la ley, asumiendo la ley del monte como su única ley y su único norte.


No quiero acabar estas líneas sin mencionar tres razones que destaco para votar Sí, solo tres entre varias razones, que rondan mi corazón atribulado en estas horas inciertas de campañas envenenadas, de lado y lado, a ninguna de las cuales he querido adherir para no probar ni atizar el gusto amargo de la discordia y división nacional.


1. Las FARC entregarán sus armas y se comprometerán con el NUNCA MÁS a su guerra de guerrillas


2. Con las FARC desmovilizadas se allanarán las vías políticas y jurídicas para sumar al ELN y también a las bandas sucesoras de las AUC o ‘neoparamilitares’ a la construcción de Paz y Reconciliación.


3. Con las FARC desmovilizadas se procederá a la implementación de lo acordado. Y de la implementación de lo acordado se derivarán luego, no por arte de magia sino por filigranas de igualdad ante la ley, los mecanismos políticos y jurídicos para que las exAUC accedan finalmente a la recuperación de sus derechos ciudadanos y políticos plenos, en igualdad de condiciones con los desmovilizados de las FARC y del ELN y los ‘neoparamilitares’.


El triunfo del Sí no garantiza ciento por ciento que las 3 razones mencionadas se verifiquen ipso facto. Pero, si triunfa el No, esas razones se seguirán demorando y demorando, quizá hasta el infinito y más allá.


Si la consigna de la hora es POR UN POSCONFLICTO EN PAZ, las 3 razones señaladas son suficientes para inclinar mi voto hacia el Sí. Aunque no puedo asegurar aquí y ahora –sinceridad obliga- que, llegado el momento de votar, mi decisión final no vaya por otros caminos. Es mi derecho, y es el de Ustedes, amables y respetados lectores. No se engañen ni se dejen engañar: todas las opciones son válidas, son legítimas, cuando las avala la propia conciencia y libertad. Si destaco las 3 razones que menciono es por cuestión, digamos, de “coherencia intelectual y editorial”. No quiero ni debo echar por la borda doce años de escritos en dirección de la paz, de la paz incluyente, de la paz sin vencedores ni vencidos, sin sectarismos, sin revanchismos, donde todos los actores del conflicto armado reciban iguales condiciones de reincorporación a la vida social, ciudadana y política.


Tengan la confianza y la certeza que yo tengo y procuro transmitir sobre que por una vía o por otra la paz se demora pero llega, y llegará más temprano que tarde, cuando en el bus de la paz los que hoy van sentados muy cómodos, haciendo como que no ven lo que sucede afuera y abajo, hagan espacio suficiente para que nadie queriéndolo hacer, quede de a pie sin poderse subir, no ya al bus minúsculo y frágil, sino al territorio libre y pacífico, generoso y noble.


Haya Paz en Colombia, la Paz que nos merecemos, una Paz bien hecha, donde quepamos todos.


Así la veo yo.


Los 259 artículos que componen la serie iniciada en marzo de 2005- de ASÍ LA VEO YO están


a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com


 


Por Juan Rubbini


@lapazencolombia


 




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