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CAMPOUNAD EN LA COYUNTURA HISTÓRICA DEL FIN DEL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO.

8/26/2016 1:29:47 PM
La universidad en el campo factor de desarrollo



Ed.D. Jaime Alberto Leal Afanador Rector UNAD Gratos y esperanzadores acuerdos entre el Gobierno Nacional y las FARC nos fueron informados el pasado 23 de junio a todos los ciudadanos del país y del mundo entero, con la participación de importantes países y organismos garantes de todos y cada uno de los puntos y derroteros de acción y tiempos fijados para el cumplimiento cabal de la agenda que dará, si todo se cumple en los próximos seis meses, inicio a la era Posconflicto de Colombia.

 


Sin embargo y no obstante los avances logrados en las últimas décadas en Colombia tanto en el campo económico, en los sistemas políticos y jurídicos y en el ámbito cultural y tecnológico, persisten graves problemas sociales expresados en el desempleo, la concentración de la riqueza, el aumento de las desigualdades, la pérdida de valores humanos fundamentales, el aumento de la pobreza absoluta para pobladores rurales, el desplazamiento forzado, la marginalidad y la exclusión social.


Tales problemáticas de orden histórico en nuestro país, no solamente han producido rupturas en el tejido social y disminuido la vivencia de los valores de solidaridad, pertenencia, compromiso, participación e identidad cultural, sino que han dificultado los procesos de gobernabilidad e incrementado los desafíos frente a las distintas revoluciones contenidas en la era del conocimiento y la globalización.


Para la UNAD, estos desafíos expresados se convierten en retos que traducidos a propósitos y estrategias institucionales, buscan contribuir a la superación de la ya recurrente crisis humanitaria que vive el país y, particularmente, a la reconstrucción de las comunidades humanas, deterioradas por múltiples factores como:



  1. El incremento de las patologías colectivas, generadas por situaciones de extrema pobreza, bajos niveles educativos y desaliento social. 


  2. El aumento de multiplicadores de miseria en el campo y en las grandes y medianas ciudades que atentan contra la supervivencia, la
convivencia pacífica, la afectividad humana, la sensibilidad social, la espiritualidad y la cultura cívica en general. 


  3. La minimización del capital social, cultural y humano, causado por el predominio del individualismo egoísta, la desconfianza en las relaciones interpersonales y el bajo
capital intelectual y social que la escasa o nula oportunidad educativa deja a cada generación de colombianos.

  4.  La presencia del carácter conflictivo y autoritario de las relaciones sociales, motivada
por la confrontación de intereses de diferentes grupos legales o ilegales que perviven en el territorio patrio y que detentan poder o están
en su búsqueda.

  5. La pérdida del espacio cívico y del espíritu social en el convivir de la ciudadanía como fuentes de democracia, civilización, desarrollo humano, paz y solidaridad. 


  6.  El impulso del mercantilismo exagerado, generador de marginación social, exclusión económica, distorsión educativa y cultural.



Tales factores exigen hoy en el esfuerzo integral por la Paz de Colombia un despertar ético, político y educativo, frente a la cuestión social fundamental que debe enrutar hacia adelante al sistema educativo y desde éste a la sociedad, para superar las desigualdades sociales y la crisis humanitaria, de tal manera que se promueva la reconstrucción de las comunidades humanas y su humanidad, a partir de la conciencia solidaria y del espíritu comunitario, mediante una educación seria y rigurosa, pero a la vez abierta, flexible y pluralista


Por otra parte, se infiere que junto a la crisis social y de vulnerabilidad ecosistémica de nuestro país, coexisten manifestaciones de un estilo torpe de desarrollo en donde conviven la riqueza y el desperdicio, con la miseria y la marginación, a costa del ecosistema natural, lo cual afecta la sustentabilidad del desarrollo y la calidad de vida de la mayoría de la población.


En el caso colombiano existen estudios muy valiosos sobre nuestra escasa, por no decir nula movilidad social (ver estudio “LA LOTERIA DE LA CUNA - UNIANDES - 2015) que incitan a la reflexión, la discusión e interpretación de los problemas críticos que afectan a la sociedad colombiana actual y si no se actúa prospectivamente, a las nuevas generaciones por venir.


En lo político, Colombia aún no deja sus vicios politiqueros y burocráticos, en el cual se vuelve a llamar la atención acerca de la concentración del poder, la ausencia de democracia real, la falta de visión a largo plazo, la situación de la política exterior que entrega sin sonrojo nuestros mares y riquezas, que no es más que otra forma de mostrar la solapada corrupción y la impunidad histórica que nos aqueja, con el agravante de una Universidad estática y pasiva que mira de soslayo el grave acontecer nacional-


Otro de los escenarios claves de hoy que merece ser analizado por la academia colombiana, es el que ha debido priorizarse hace mucho por las Universidades, en torno a los problemas sustanciales generados por la recurrente ausencia del Estado en los territorios y microterritorios de nuestra geografía, y que afectan nuestra convivencia cotidiana, en dichos ámbitos es donde campea la descomposición social, el hambre, la miseria, la drogadicción, la ausencia de servicios básicos y de salud, la baja calidad y cobertura de la educación, la poca valoración del conocimiento, el atraso científico-tecnológico,  la débil identidad nacional y el escaso valor que se da a la vida, especialmente de nuestros niños y jóvenes.


En cuanto lo económico, Colombia se reitera en la concentración de la riqueza y el ingreso, la baja capacidad de ahorro, inversión y competitividad, la débil infraestructura física y tecnológica de nuestros Departamentos, Municipios y Veredas; los permanentes desequilibrios regionales en el desarrollo de nuestros territorios, el desempleo, la informalidad y la próspera economía subterránea, lo mismo que la ineficiencia del sistema financiero para las mayorías y gran negocio de las minorías, amén del desequilibrio de la balanza de pagos y el incremento periódico del déficit fiscal.


En cuanto lo social, en Colombia se pone de relieve el bajo capital social, la pobreza e inseguridad de “la seguridad social”, el no futuro y la desesperanza para la mayoría de nuestros jóvenes, así como, la corrupción y la violencia en todas sus expresiones.


En cuanto nuestros amplios recursos naturales, llama la atención el aparente desconocimiento, pérdida y desaprovechamiento de la riqueza natural para garantizar en sano equilibrio el bien de nuestra sociedad, así como el afán desmedido de su comercialización a multinacionales depredadoras con la consecuente pérdida de la calidad ambiental en nuestros territorios.


En esta breve perspectiva que se sustenta también en estadísticas, se contextualizan problemas muy concretos, relacionados con las poblaciones de los desplazados por la violencia y desarraigados culturalmente, de los discapacitados y enfermos mentales, de los desocupados e improductivos laboralmente, de los marginados y excluidos socialmente, de las mujeres cabeza de familia, de los niños y de la vejez desamparada cuyas situaciones desde hace algunos años son objeto de estudio e investigación por parte del Estado, la sociedad civil, las instituciones especializadas, las organizaciones no gubernamentales y las localidades regionales organizadas, aunque no deja de sorprender el escaso impacto de su intervención.


La profundización de los problemas anteriores, es motivo suficiente para que nos ocupemos y preocupemos desde los debates y reflexiones propiciadas por organizaciones que participaremos en el Posconflicto, para imprimirle sentido de realidad a la generación, renovación y desarrollo de políticas que realmente sean pertinentes, socialmente relevantes e intelectualmente significativas para soñar una Nación Colombiana en Paz efectivamente Perdurable.


Para ello la Colombia del Siglo XXI amén de lo concertado en los diálogos en la Habana, requiere potenciar en sus territorios:



  • El desarrollo humano de nuestra gente, afianzando el potencial y las capacidades de la persona, las familias y las comunidades, en su
integralidad, sin ello, no será posible el desarrollo social sostenible y autosostenido que requerimos.



  • El desarrollo social de nuestras diversas y heterogéneas regiones, exige una transformación visible en las estructuras de poder y una amplia participación social de la población en la construcción de una forma de vida más justa, digna y solidaria, lo cual implica un desarrollo regional equilibrado y sustentable.



  • El desarrollo económico de nuestro País se debe potenciar mediante un desarrollo productivo, tecnológico,
científico y social equilibrado, para lograr el abastecimiento de los recursos materiales vitales, los bienes culturales dignos y los servicios de toda índole para el conjunto de la sociedad colombiana.




  • El desarrollo agropecuario e industrial equilibrado, por una parte exige e implica el desarrollo científico y tecnológico, y por la otra, el desarrollo social y cultural, para impulsar el despliegue de las fuerzas productivas dentro de los principios de solidaridad, equidad, justicia social, pluralismo político, así como respeto a los derechos y libertades de los ciudadanos.


Son en realidad muchas y diversas las políticas y acciones estratégicas por desarrollar, lo cual indudablemente no se agotará con una reflexión como ésta, pero lo anterior nos sirve para contextualizar o ubicar en el tiempo y en el espacio, la búsqueda y co-construcción de alternativas de solución a los problemas que afectan a las comunidades y a la sociedad colombiana, a partir de la responsabilidad ética, política, social, académica y pedagógica que nos compete en tanto que Universidad socialmente responsable.


De éste modo, la UNAD como Universidad Pública, se compromete con Colombia y en tal sentido, lanzará el próximo 17 de agosto el Programa Interinstitucional CAMPOUNAD en el interés de proponer respuestas a través de sus programas y servicios a las necesidades fundamentales (axiológicas y existenciales) que las comunidades y grupos humanos presentan para desarrollar su potencial productivo y de aprendizaje autónomo, producir satisfactores y así impulsar la autogestión del desarrollo a escala humana.


Este es el pensamiento Unadista, Universidad que hace 35 años se creó para transformar el quehacer educativo dentro de una universidad orgullosamente comunitaria y solidaria. Por ello  aprovecho este espacio para reiterar nuestros compromisos fundamentales con Colombia y los colombianos y colombianas:



  • Compromiso con la gestión del conocimiento y las necesidades de formación personal, socio-afectiva, ético-moral y social de los seres humanos, que implica un mejor conocimiento de las características y condiciones de aprendizaje de grupos de estudiantes heterogéneos, para precisar sus habilidades de pensamiento, sus motivaciones e intereses, sus conocimientos y experiencias previas, así como sus estrategias de aprendizaje, madurez y equilibrio conceptual, formas de expresión, comunicación, interacción social y procedencia socioeconómica y cultural, con el objeto de orientar la construcción de los materiales para el aprendizaje autónomo, la acción tutorial y la evaluación de proyectos.



  • Compromiso con el cambio radical del discurso pedagógico verticalista, autoritario e impositivo, porque implica un desconocimiento del «otro» y de «los otros», de la comunicación e interacción humana como fuentes de desarrollo personal, del comportamiento ético, socialmente responsable como dinamizador del aprendizaje autónomo, y de la educación integral como práctica de la libertad.



  • Compromiso con el desarrollo del aprendizaje autónomo, significativo y colaborativo, mediante la utilización de múltiples estrategias y formatos de aprendizaje que superen los límites territoriales de las comunidades locales, regionales y nacionales, para atender diversas poblaciones, etnias y culturas en diferentes contextos, por medio del uso pedagógico y didáctico intensivo pero no exclusivo de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, con miras a enriquecer los aprendizajes con base en la argumentación y fortalecer la cultura de la innovación y el emprendimiento.



  • Compromiso con la transformación cualitativa de la interacción entre la universidad y la comunidad local, regional, nacional e internacional con una nueva orientación, a partir de una concepción clara y comprensiva del desarrollo regional y del entorno nacional y global, una voluntad libre y una decisión autónoma, para la apertura hacia los entornos geopolíticos y socio-culturales.



  • Compromiso con los cambios cualitativos que respondan a innovaciones pedagógicas y sociales, de tal manera que se mantenga el equilibrio entre la dinámica interna de la universidad y la demanda externa de la comunidad. Así su acción se abrirá a nuevas personas y grupos diferentes, para que, puedan desarrollar las competencias y el liderazgo social mediante programas pertinentes que potencien la capacidad de las comunidades para generar, aumentar y sostener sus productos, saberes y conocimientos y así satisfacer las necesidades fundamentales de toda la población.   



  • Compromiso con el respeto por la sostenibilidad de los ecosistemas, las identidades culturales y el derecho a la diferencia, a la vida digna y plena, a la paz y a la seguridad integral.



  • Compromiso con el cambio en el paradigma de la investigación universitaria, para que en vez de ser generada desde la institución únicamente, surja desde las comunidades nacionales e internacionales, promoviendo la cultura investigativa que dinamice el pensamiento crítico y autónomo y que permita la apropiación de los saberes existentes y la construcción creativa de nuevos conocimientos, mediante la desmitificación de la investigación y el uso de nuevos enfoques de gestión del conocimiento.


Según nuestro ideario éstos compromisos se seguirán movilizando a través de acciones promovidas por intereses prácticos y emancipatorios como CAMPOUNAD que buscan responder siempre a las necesidades axiológicas fundamentales, a valores culturales de cooperación, solidaridad, equidad, autonomía y dignidad, orientados hacia un cambio innovador y radical en el contexto de la dinámica del progreso humano.


Como compromisos que son, signan la calidad de la interacción entre nuestra Universidad, el Estado, el Gobierno Nacional y el entorno social, ya que ellos son el hilo conductor del quehacer institucional y han de reflejarse en su balance social para la historia educativa colombiana.


En este ideario de compromisos unadistas, se hace necesario reiterar la dignificación del trabajo humano, la valoración de la interacción social y el cultivo del lenguaje simbólico y de aquellos valores que constituyen recursos no convencionales, tales como la creatividad, la innovación, la participación, la solidaridad, la cooperación, la ayuda mutua y la comprensión de los procesos socioeconómicos y culturales que se dan en la comunidad.


De otra parte, en el mundo globalizado es necesario dinamizar el proceso de transformación de los tiempos, los espacios y las relaciones, para dar respuesta al desafío de la apertura externa a la globalidad, expresada en la competitividad y al de la apertura interna generada en la descentralización de los diferentes entes territoriales, como actores protagónicos de su propio desarrollo.


En tales MULTICONTEXTOS juegan diversos actores, con múltiples comprensiones y responsabilidades sustantivas compartidas. Entre ellos tenemos: el Estado y las políticas públicas, los grandes empresarios y los productores organizados, las unidades productivas y las instituciones educativas, los sectores económicos y financieros, los centros de desarrollo científico y tecnológico, los pequeños y medianos empresarios, las organizaciones de base popular, comunitaria y solidaria, todos ellos alternando en los distintos contextos locales, regionales y globales.


En el plano anterior, la UNAD ha sido la inspiradora de la propuesta de ampliar las responsabilidades sustantivas de la universidad, lo que significa, entre otras cosas, reconocer que nuestro mundo con sus grandes brechas de conocimiento, tecnológico, de comunicación, de política, de cultura, exige una nueva visión de las situaciones que las generan y del aporte de la universidad a su comprensión y explicación profunda, para darle sentido a su planificación y a su misma existencia.


Es por todo esto que damos las gracias al Observatorio de la Universidad Colombiana por el hecho de brindarnos este espacio de difusión para reivindicar el ser y el quehacer de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia; lo descrito es motivo suficiente para reiterarle a la Sociedad, al Estado y al Gobierno de Colombia en esta coyuntura histórica del fin del conflicto armado con las FARC, que la educación y en nuestro caso la UNAD es un instrumento viable para aportar a la Paz perdurable desde y entre los colombianos y colombianas de hoy y del futuro.




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