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Entre el SÍ y el SÍ

8/18/2016 5:12:12 AM
Todos por la Paz



La Corte Constitucional le dio vía libre al plebiscito como mecanismo para la refrendación ciudadana del acuerdo final de paz que se suscriba entre el gobierno nacional y las FARC-EP.

Por Alberto Téllez Iregui


 


La Corte Constitucional le dio vía libre al plebiscito como mecanismo para la refrendación ciudadana del acuerdo final de paz que se suscriba entre el gobierno nacional y las FARC-EP.


Por supuesto que hay que votar por el SÍ y desde aquí llamamos a todos los colombianos y colombianas  a respaldar masivamente la paz para derrotar  en forma contundente a los guerreristas y  de esa manera alcanzar un clima más favorable para la construcción de la paz.


 Pero también hay que dejar claro, de entrada, que el blindaje de los acuerdos de paz, como toda decisión política, depende de las relaciones de fuerza a favor de una paz estable y duradera. Lo que se ha blindado pierde el blindaje si las relaciones de fuerza cambian en  favor de la ultraderecha.


 Ni el acuerdo, ni el plebiscito son la paz. Se trata apenas de contenidos e instrumentos para avanzar en un largo proceso de construcción de la paz y en ese propósito se parte de un mapa complejo de posiciones y comportamientos políticos.


De un lado, la posición de quienes se oponen y desconocen las conversaciones y los acuerdos porque creen que el camino a seguir es el de continuar la guerra hasta hasta una supuesta derrota militar de la insurgencia. Ahí están, liderados por el Centro Democrático y defendiendo sus intereses económicos y su visión política, sectores de otros partidos, de las fuerzas armadas, del clero, del empresariado, terratenientes, narcotraficantes,  paramilitares, gentes del Congreso, de las corporaciones públicas, del Ejecutivo, de la Rama Judicial, de los órganos de control y las ultraderechas internacionales. ¿Cuántos años más de violencia?  ¿Cuántos muertos  y desplazados más? ¿Cuántas masacres y torturas más? La paz no les conviene porque finalmente lo que hay detrás de esta posición es el interés de defender o mantener los privilegios y ventajas de la guerra. Por supuesto que pregonan el NO  en el plebiscito y anuncian el desacato ante el triunfo del SÍ, porque lo que pretenden es hegemonizar el poder para reversar los acuerdos y avances de la paz e intensificar la guerra y la violencia. El gobierno de Uribe amnistió a 34.000 paramilitares, pero se  oponen en las negociaciones con la insurgencia a la aplicación de la justicia transicional con verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición, que es lo mínimo que el mundo ha conocido en  las distintas negociaciones de paz.


De otra parte, está la posición del gobierno, que representa los intereses del gran capital interno e internacional en contra de las necesidades del pueblo y de las capas medias de la población y que pretende una paz sin cambios, un desarme que facilite condiciones más tranquilas para la inversión y la ganancia de las grandes corporaciones.


 Finalmente, la gran mayoría de la población, de las capas trabajadoras, pobres y medias del país, que necesitan una paz estable y duradera, construida sobre los cambios que garanticen una sociedad  soberana, democrática, justa y respetuosa de la naturaleza. No es posible la paz sin cambios, porque la guerra es el efecto inevitable de la dependencia, la injusticia , la corrupción y la ausencia de democracia.


 En este complejo mapa de la política nacional e internacional en torno a la paz,  el rumbo del país, a partir de los acuerdos  con todas las insurgencias, está finalmente dependiendo de la relación de las fuerzas políticas que se vaya configurando en el proceso de paz. Inclinar esa relación a favor de los intereses populares y democráticos, pasa por  la construcción de la unidad y de un poderoso proyecto político democrático, que empodere políticamente a la población desde sus territorios y sectores sociales y gremiales.


En estas circunstancias hay que dejar claro, que todos los votos por el SÍ en el plebiscito cuentan para el proceso de la paz en la perspectiva de derrotar políticamente la ultraderecha guerrerista. Pero también hay que ser enfáticos para señalar que hay diferencia entre el SI y el SI, que hay una  distancia muy grande entre el SI del gobierno y el SI del campo democrático. Habrá espacios y momentos de confluencia entre el SI de los sectores que del gobierno y el SI de los sectores democráticos, pero miradas las cosas en el terreno de la estrategia política y del proceso mismo de la construcción de la paz, cada espacio del Si se juega sus propios intereses inmediatos y mediatos, sus particulares pretensiones de poder en el plebiscito y en  las elecciones presidenciales y parlamentarias del 2018.


Hay que desenmascarar las mentiras con que se arropan los promotores del NO para crear confusión en los electores. Además de la opinión sensible al cambio, hay que ganar para el SI democrático  a los jóvenes, los sindicatos y organizaciones sociales, las etnias, las diversidades de género, los desempleados, ambientalistas, cultores e intelectuales  y demás capas sociales discriminadas, excluidas y acorraladas por el modelo de globalización neoliberal, a los sectores de tradición abstencionista y a los  que estando en desacuerdo con el NO, se resisten a votar porque no quieren darle un apoyo a Santos.


 Los resultados del plebiscito son fundamentales para definir las relaciones de fuerza frente a la ultraderecha, pero no sucede lo mismo al interior de los sectores del SI, porque la votación por el SI se masifica  en un solo guarismo electoral. La campaña por el SI, es importante para todos los sectores como una forma de ganar reconocimiento de opinión para sus posiciones políticas y para el posicionamiento de sus aspirantes hacia las elecciones del 2018.


La ultraderecha busca simplificar la campaña entre el NO de ellos y el SI  del gobierno, para beneficiarse del desprestigio del presidente. Y el gobierno busca la misma simplificación para poner en favor de sus posiciones e intereses toda la votación por el SI.


En la campaña por el SI del campo democrático no puede dejarse refundir en el SI del gobierno, porque ello favorece los intereses coyunturales y estratégicos de los sectores políticos que medran en torno al gobierno. Las fuerzas del cambio necesitan rescatar la identidad democrática del SI.


 Esto implica tejer los lazos de fraternidad con todos los afines y  buscar y coordinar  al máximo la unidad de contenidos, organización y acción de todos los sectores democráticos y de sus campañas por el SI, como un camino para allanar la identidad y unidad política del campo alternativo. La dispersión del campo democrático en campañas aisladas por el SI, debilita el mensaje de la paz duradera y la alternatividad política y por esta vía termina beneficiando  las pretensiones de las derechas.


Quienes impulsamos  la campaña  “LA PAZ SÍ ES CONTIGO – VAMOS POR MÁS”, debemos realizar, de manera consecuente, todos los esfuerzos necesarios para una campaña unitaria por el SI de todos los sectores democráticos. En este sentido es necesario tener claro que la participación en la campaña del plebiscito es una oportunidad más para avanzar en la consolidación de la unidad democrática, en la construcción desde los territorios y sectores sociales del proyecto político alternativo, con el empoderamiento popular. Es por ello necesario cumplir una tarea unificada de pedagogía por la paz, de movilización por la paz y sobre todo, de organización en los barrios, las comunas, veredas, municipios y departamentos y en los sectores sociales de los Comités Unitarios por el SI democrático, como núcleos y embriones de la organización y empoderamiento ciudadano y popular, para lo que viene de creación  de relación de fuerzas en la construcción de la paz.


 Cuando está en juego la refrendación del acuerdo de paz, es indispensable que todos los ciudadanos tengan la oportunidad de expresar su voluntad y en tal sentido es pertinente solicitar al gobierno que abra, por un breve período, la inscripción de cédulas, para facilitar la participación de sectores tradicionalmente abstencionistas y de los pobladores de las zonas más afectadas por el conflicto armado.


 




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